Cuando era pequeña todo giraba en torno a la mente. Mi padre, una de las personas más inteligentes y tenaces que conozco, aprendió todo solo. Química, física, matemáticas, todo lo aplicaba perfectamente en su trabajo sin pisar el colegio y mucho menos la universidad.
Mi madre era otro gran cerebro. Además de haber estudiado física y matemáticas, se había devorado todos los libros que uno nombrara y era prácticamente una enciclopedia andante.
Mi hermano mayor a los 5 años entró al conservatorio a estudiar música, cuando todos los niños (incluida yo) entraban a los 7. Pasó de kinder a primero, saltándose transición porque ya sabía leer; a los 6 años, por puro hobbie, leía la enciclopedia de ciencias aplicadas de mi padre; y a los 8 años ya había creado su primer programa.
Mi hermana mayor fue disléxica. Gracias a su memoria fotográfica, pasó hasta 5to de primaria sin que nadie se diera cuenta de que no sabía leer ni escribir. Su dislexia la hizo aún más competitiva y durante todos los años de colegio siempre fue la más aplicada, la más responsable y la mejor presentada.
Yo, en cambio, sentía que no aprendía tan rápido como el resto de los integrantes de mi familia. A mí las matemáticas me costaron bastante. Gracias a la formación de mi mamá logré pasar física y trigonometría porque en clase no entendía nada. El colegio no era fácil para mí, pero a punta de recursividad jamás perdí un año.
Como no era muy buena haciendo exámenes de memoria, aprendí a hablar con cada profesor para que me dejara presentar un trabajo o hacer otro tipo de examen que no fuera escrito. Tuve que asociarme estratégicamente con los más inteligentes del curso para que me ayudaran con las fórmulas de excel y poder pasar contabilidad. Me aburría en clase así que me ofrecía a recoger las fotocopias al otro lado del colegio y me hice amiga de las secretarias, las cuales me transmitían información muy importante que me generaba ventajas frente a mis compañeros. Aprendí a entrar al colegio en la jornada distinta yéndome de particular no con uniforme, así podía hablar con los profesores directamente y presentarles las tareas atrasadas.
Ser no tan aventajada intelectualmente como el resto de mi familia fue la mejor oportunidad que tuve para desarrollar unas habilidades distintas y sobresalir luego en el campo laboral. A muy temprana edad entendí que tenía que hacer cosas diferentes; que tenía que esforzarme más para aprender de algunos temas porque no se me daban naturalmente; y que podía aprender lo que me propusiera por mi propia cuenta.
No encajar a veces significa destacarse. Hoy vi este maravilloso vídeo que se llama algo así como "Por qué la mejor elección no siempre tendrá la mejor hoja de vida", de Regina Hartley, experta en recursos humanos. Habla de cómo algunas personas que han tenido una cantidad mayor de retos pueden ser las mejores para ser seleccionadas.
Si vemos la historia la mayor parte de los grandes emprendedores y personajes como Steve Jobs, Richard Branson, Albert Einstein han sido rechazados por sus profesores y colegas ¿Cuál fue su respuesta? simplemente fueron más grandes que sus limitaciones, confiaron en su instinto, entendieron que cada uno tiene dones y los supieron aprovechar. Ninguno de ellos nació siendo un personaje famoso ni nadie les regaló nada. Fue el esfuerzo y una gran fe en sí mismos lo que los llevó a destacarse en sus campos.
Cada uno de nosotros tiene eso, algo que nadie más sería capaz de hacer de la misma manera. Cada uno puede encontrar el trabajo de sus sueños y ser completamente feliz. Cada uno puede sobrepasar sus límites, encarar sus miedos y llegar tan alto como quiera. A veces necesitamos un poco de ayuda, pero estoy totamente segura de que es posible.
Para saber más sobre cómo encontrar el trabajo de sus sueños, escríbanme a realizartein@gmail.com o a info@realizarte.co.
Mi madre era otro gran cerebro. Además de haber estudiado física y matemáticas, se había devorado todos los libros que uno nombrara y era prácticamente una enciclopedia andante.
Mi hermano mayor a los 5 años entró al conservatorio a estudiar música, cuando todos los niños (incluida yo) entraban a los 7. Pasó de kinder a primero, saltándose transición porque ya sabía leer; a los 6 años, por puro hobbie, leía la enciclopedia de ciencias aplicadas de mi padre; y a los 8 años ya había creado su primer programa.
Mi hermana mayor fue disléxica. Gracias a su memoria fotográfica, pasó hasta 5to de primaria sin que nadie se diera cuenta de que no sabía leer ni escribir. Su dislexia la hizo aún más competitiva y durante todos los años de colegio siempre fue la más aplicada, la más responsable y la mejor presentada.
Yo, en cambio, sentía que no aprendía tan rápido como el resto de los integrantes de mi familia. A mí las matemáticas me costaron bastante. Gracias a la formación de mi mamá logré pasar física y trigonometría porque en clase no entendía nada. El colegio no era fácil para mí, pero a punta de recursividad jamás perdí un año.
Como no era muy buena haciendo exámenes de memoria, aprendí a hablar con cada profesor para que me dejara presentar un trabajo o hacer otro tipo de examen que no fuera escrito. Tuve que asociarme estratégicamente con los más inteligentes del curso para que me ayudaran con las fórmulas de excel y poder pasar contabilidad. Me aburría en clase así que me ofrecía a recoger las fotocopias al otro lado del colegio y me hice amiga de las secretarias, las cuales me transmitían información muy importante que me generaba ventajas frente a mis compañeros. Aprendí a entrar al colegio en la jornada distinta yéndome de particular no con uniforme, así podía hablar con los profesores directamente y presentarles las tareas atrasadas.
Ser no tan aventajada intelectualmente como el resto de mi familia fue la mejor oportunidad que tuve para desarrollar unas habilidades distintas y sobresalir luego en el campo laboral. A muy temprana edad entendí que tenía que hacer cosas diferentes; que tenía que esforzarme más para aprender de algunos temas porque no se me daban naturalmente; y que podía aprender lo que me propusiera por mi propia cuenta.
No encajar a veces significa destacarse. Hoy vi este maravilloso vídeo que se llama algo así como "Por qué la mejor elección no siempre tendrá la mejor hoja de vida", de Regina Hartley, experta en recursos humanos. Habla de cómo algunas personas que han tenido una cantidad mayor de retos pueden ser las mejores para ser seleccionadas.
Si vemos la historia la mayor parte de los grandes emprendedores y personajes como Steve Jobs, Richard Branson, Albert Einstein han sido rechazados por sus profesores y colegas ¿Cuál fue su respuesta? simplemente fueron más grandes que sus limitaciones, confiaron en su instinto, entendieron que cada uno tiene dones y los supieron aprovechar. Ninguno de ellos nació siendo un personaje famoso ni nadie les regaló nada. Fue el esfuerzo y una gran fe en sí mismos lo que los llevó a destacarse en sus campos.
Cada uno de nosotros tiene eso, algo que nadie más sería capaz de hacer de la misma manera. Cada uno puede encontrar el trabajo de sus sueños y ser completamente feliz. Cada uno puede sobrepasar sus límites, encarar sus miedos y llegar tan alto como quiera. A veces necesitamos un poco de ayuda, pero estoy totamente segura de que es posible.
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